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Rodrigo Araya Dujisin

Redes

Caminos y redes

Caminos y redes Una aldea de Etiopía, al norte del lago Chew Bahir
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Bowling alone or Netting together?

Bowling alone or Netting together? Representación de la red personal de Ratko en la turba belgradense

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Priceless - - explore the treasures of Exhibition Road

Priceless - - explore the treasures of Exhibition Road

Public Launch Event Friday 11 August, 9pm, free. Street take-over, large-scale projections and buskers’ orchestra

Monday 7- Sunday 27 August, 10am–5pm, free. Exhibitions, guided walks, audio-visual and graphic installations

On, around and beneath Exhibition Road, South Kensington, London SW7

A Serpentine-led project in collaboration with the Exhibition Road Cultural Group.

Sponsored by Bloomberg.

Experience the extraordinary combination of cutting-edge multimedia art, prestigious museum collections and secret archives.

International arts organisation motiroti has created priceless, a multi-layered artwork in which the voices of individuals and institutions merge in surprising and unexpected ways. Objects of great value have been chosen by each institution to inspire an imaginative journey. People’s unique stories and memories are showcased through audiovisual portraits, mobile exhibitions, installations and large-scale projections.

Free guided tours led by artists are available on Saturdays.

For more information contact Serpentine Gallery, Kensington Gardens London W2 3XA Tel. 020 7402 6075

Blogs sobre lo que está pasando en Londres

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Desde Londres, http://finkangel.blogspot.com
Desde Madrid, http://www.deugarte.com/london-7-7

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Rheingold y las masas inteligentes

Una definición ampliamente aceptada de comunidad virtual es la que realizó Howard Rheingold, quien además de acuñar el término, desarrolló un extenso trabajo etnográfico en comunidades virtuales. Rheingold las define como "...agregados culturales que emergen cuando suficientes personas chocan contra las otras, se encuentran con otras, en el ciberespacio, con suficiente frecuencia. Una comunidad virtual es un grupo de gente que se puede o no encontrar unos a otros, cara a cara, y que intercambian palabras e ideas a través de la mediación de tableros de mensajes ( Bulletin Boards) y redes computacionales" (Rheingold, 1994).

Resulta muy interesante que la definición considera los agregados culturales que surgen de la interacción. En este tema hay un amplio campo por investigar Me refiero a los protocolos de comunicación, acuerdos tácitos, rituales y reglas que guían la interacción social en plataformas tecnológicas. Desde que Reinghold describiera la Well (Well es La sigla de Whole Earth ´Lectronic Link, un sistema de conferencias electrónicas), como una de las primeras comunidades Virtuales, los agregados sociales en Internet se han expandido, llegando hoy en día a consolidar una extensa cultura de sociabilidad en Internet. Han sido desarrollados complejos y sofisticados softwares para la comunicación y hospedaje de comunidades y grupos de los más diversos intereses. La well es de alguna manera la abuela de los blogs.

En los últimos años se ha pasado viajando por el mundo observando y escribiendo sobre las tendencias emergentes en tecnología, comunicación y cultura. Algunos de sus libros son el ya clásico The Virtual Community, Virtual Reality. Su último libro Smart Mobs, the next social revolution" ya tiene versión en español.

Ïndice del contenidos

Agradecimientos
Prólogo a la edición castellana: Sobre las multitudes inteligentes de España tras el 11-M

Introducción: Cómo reconocer el futuro cuando llega

1. La epifanía de Shibuya
2. Tecnologías de la cooperación
3. Naciones computacionales y enjambres de superordenadores
4. La era de las cosas sensible
5. La evolución de la reputación
6. Retazos inalámbricos
7. Las multitudes inteligentes: el poder de las multitudes móviles
8. ¿Panóptico permanente o amplificador de la cooperación?"

Introducción: cómo reconocer el futuro cuando llega

Comencé a observar los primeros indicios del siguiente cambio una tarde de primavera del año 2000, cuando me percaté de que los viandantes de Tokio miraban la pantalla del teléfono móvil en lugar de utilizarlo para hablar. La observación de esta conducta, hoy tan común en gran parte del mundo, me provocó la misma sensación que había tenido ya otras veces, la percepción puntual de que una tecnología va a cambiar mi vida de un modo imprevisible. A partir de entonces, la práctica de enviar y recibir mensajes cortos de texto a través del teléfono móvil ha propiciado el surgimiento de diversas subculturas en Europa y Asia; ha caído al menos un gobierno, en parte gracias a este nuevo medio de comunicación, y se ha producido una transformación inesperada en los rituales de cortejo adolescentes, el activismo político y los estilos de
gestión empresarial.
He comprendido que los mensajes de texto a través del móvil sólo son un anticipo de otros cambios más profundos que se producirán en los próximos diez años. Aquel instante mediático en el Cruce de Shibuya fue mi primer encuentro con un fenómeno que he denominado «multitudes inteligentes». Cuando aprendí a reconocer sus síntomas, comencé a verlos por doquier, desde en los códigos de barras hasta en los peajes electrónicos.
Todas las demás piezas del puzle están en nuestro entorno, pero todavía dispersas. Forman parte de él los chips de radio diseñados para sustituir los códigos de barras en los productos industriales, al igual que los puntos de acceso a Internet en cibercafés, hoteles y comunidades vecinales, o los millones de personas que dedican el ordenador a la búsqueda de inteligencia extra-terrestre, o el modo en que fijan sus precios los compradores y vendedores en las subastas de eBay. En el mismo contexto se enmarca al menos una importante cuestión empresarial de ámbito global: porqué la compañía japonesa DoCoMo obtiene pingües beneficios con los servicios de Internet inalámbricos, Mientras que los operadores de telefonía móviles estadounidenses y europeos luchan por evitar la quiebra?
Cuando se suman todos estos componentes económicos y sociales, el resultado es una infraestructura que posibilita ciertos tipos de acción humana hasta ahora inconcebibles. Las «aplicaciones rompedoras» (killcrapps) de la industria futura de telecomunicaciones móviles no serán ni dispositivos de hardware ni programas de software, sino prácticas sociales.
Los cambios más impactantes provendrán, como suele suceder, de los tipos de relaciones, empresas, comunidades y mercados que surjan con la nueva infraestructura.
Las multitudes inteligentes están formadas por personas capaces de actuar conjuntamente aunque no se conozcan. Los miembros de estos grupos cooperan de modos inconcebibles en otras épocas porque emplean sistemas informáticos y de telecomunicaciones muy novedosos que les permiten conectarse con otros sistemas del entorno, asi como con los teléfonos de otras personas. Los microprocesadores, hoy baratísimos, integrados en casi todos los objetos, desde las tapas de las cajas pasta los zapatos, penetran poco a poco en los muebles, edificios, barrios y diversos productos, convirtiéndose así en auténticos artilugios inteligentes de intercomunicación.
Los medios de comunicación portátiles, cuando conectan a Internet los objetos tangibles y los lugares cotidianos, se transforman en mandos a distancia móviles que nos permiten controlar el mundo físico.
Dentro de una década, los principales núcleos de población del planeta estarán saturados de billones de microchips, algunos en forma de ordenadores diminutos, muchos de ellos capaces de comunicarse entre sí. Algunos de estos sistemas serán una combinación de teléfono y superordenador, con una capacidad de procesamiento sólo asequible para el Departamento de Defensa un par de décadas antes. Algunos sistemas leerán códigos de barras y recibirán mensajes en etiquetas de identificación por radiofrecuencia. Algunos proveerán de conexiones a Internet inalámbricas ininterrumpidas y contendrán sistemas de localización global.
En consecuencia, gran parte de la población de los países industrializados dispondrá de un sistema que le permitirá enlazar de modo casi permanente, objetos, lugares y personas con el contenido y los procesos en red. Será posible apuntar un dispositivo hacia un letrero urbano, anunciar el lugar adonde uno quiere ir, y guiarse por el mapa armado que aparecerá en la pantalla de la mano; o apuntar hacia un libro en una librería para saber qué se ha escrito sobre él en el Times o en el club de lectura del barrio. Asimismo, podremos pulsar en un restaurante y avisar a los gringos de que ha empeorado el servicio.
Estos sistemas contribuirán a coordinar acciones con otros ciudadanos del mundo, pero también con las personas del entorno más próximo, tal cual es, si cabe,más importante.
Los grupos humanos que empleen estos instrumentos adquirirán nuevas formas de poder social, y nuevos medios para organizar sus interacciones a intercambios en el momento justo y en el lugar adecuado. Las fortunas de mañana estarán en manos de quien sepa lucrarse con estos cambios, y las de ayer se perderán si los empresarios no se adaptan. Como ha sucedido con los ordenadores personales e Internet, los principales adelantos no surgirán en el seno de los líderes industriales establecidos, sino en la periferia, en pequeños grupos de jóvenes emprendedores o asociaciones de aficionados.
Aunque tarden todavía una década en consolidarse, las comunicaciones móviles y las principales tecnologías computacionales, junto con ciertas modalidades de contrato social no eran posibles en otras épocas, ya están empezando a cambiar el modo de reunirse, emparejarse, trabajar, hacer la guerra, comprar, vender, gobernar y crear.
Parte de estos cambios reportan beneficios y poder, pero otros amplían las capacidades de quienes abrigan intenciones malévolas. Gracias a la utilización de los nuevos medíos en numerosos grupos pequeños con el fin de obtener beneficios individuales, se generarán también nuevos efectos que fomentarán ciertos modos de vida a organización institucional y disolverán otros. Es probable que se produzcan efectos contradictorios y simultáneos: adquisición de nuevos poderes y pérdida simultánea de las antiguas libertades. Surgirán nuevos bienes públicos y desaparecerán otros más antiguos.
Cuando empecé a observar el uso del teléfono móvil en Tokio, descubrí que el Cruce de Shibuya era la zona con mayor densidad de teléfonos móviles del planeta: el 8l % de las 1 .500 personas que cruzan la bulliciosa explanada con cada cambio de semáforo lleva un teléfono móvil. Interpreté aquella coincidencia como prueba de que seguía la pista adecuada, si bien sólo un vago presentimiento sobre cómo definir lo que pretendía encontrar .Todavía no había comprendido que ya no buscaba meros indicios de cambio en los hábitos tecno-sociales, sino que había iniciado la búsqueda vertiginosa de una nueva forma de futuro en el ámbito global.
Averigüé que aquellos adolescentes y otros viaandantes japoneses que miraban la pantalla del móvil y pulsaban las teclas con el pulgar se enviaban palabras y gráficos sencillos, mensajes breves similares al correo electrónico, que se recibían al instante pero podían leerse en cualquier momento. (cuando indagué los fundamentos técnicos de los mensajes de texto, comprendí que aquellos usuarios pioneros iban por la calle con una conexión permanente a Internet en la mano. El hormigueo de mi cerebro dió paso a un zunibido. Con una conexión constante a Internet el usuario tiene acceso a mucho más que un simple canal de comunicación.
Quienes comprenden las posibilidades inherentes a la Internet móvil se plantean el siguiente problema: se ha previsto y promocionado recientemente la fuerza potencial de la conexión de los dispositivos móviles a Internet, pero….
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¿cómo reconocer el futuro cuando llega?

¿cómo reconocer el futuro cuando llega? Introducción a la edición española de "Smart Mobs"

El 13 de marzo de 2004, los ciudadanos españoles, irritados por lo que percibían como una ocultación de información gubernamental acerca de la autoría del atentado terrorista del 11 de marzo, organizaron manifestaciones políticas espontáneas por las calles de las principales ciudades. Tuve conocimiento del fenómeno cuando se hizo pública la noticia de que muchas manifestaciones se habían organizado y coordinado con mensajes SMS.

El libro que el lector tiene entre manos, publicado por primera vez en octubre de 2002, un año y medio antes del trágico atentado perpetrado en Madrid el 11 de marzo de 2004, es un intento de explicar la movilización política espontánea de millones de personas a través de Internet y teléfono móvil. Las «multitudes inteligentes» son grupos de personas que emprenden movilizaciones colectivas —políticas, sociales, económicas— gracias a que un nuevo medio de comunicación posibilita otros modos de organización, a una escala novedosa, entre personas que hasta entonces no podían coordinar tales movimientos.

Como se comprobó en el caso de los atentados terroristas, una «multitud inteligente» —cualquier grupo que coordina actividades presenciales con sistemas electrónicos móviles— no es necesariamente prudente o benévola. Ahora bien, al igual que los grupos con aviesas intenciones pueden utilizar los medios de comunicación para emprender acciones destructivas, conviene recordar que la imprenta posibilitó la ciencia y la democracia, al tiempo que permitió la mecanización masiva de la guerra.

Debemos tomar conciencia de que un nuevo código y un nuevo canal comunicativo, junto con los nuevos modos de utilización de ambos sistemas para organizar movilizaciones colectivas, conllevan nuevos riesgos. Pero no debemos olvidar que las mismas tecnologías y prácticas sociales abren también nuevas oportunidades.
Cuando escribí "Multitudes Inteligentes", tenía los ejemplos de las manifestaciones de ciudadanos filipinos que contribuyeron a derrocar el régimen de Estrada, así como las movilizaciones de Seattle contra la Organización Mundial del Comercio, ambas organizadas a través de móviles y medios en red. Tras la publicación de la edición inglesa comencé a tener noticias de acontecimientos similares en otras zonas del mundo. En Corea, la cibergeneración encontró una nueva voz mediática en OhMyNews.com, con 26.000 reporteros ciudadanos. Cuando OhMyNews informó de que el candidato predilecto de la comunidad de lectores de dicho medio iba perdiendo, según los sondeos realizados a la salida de los colegios electorales, cientos de miles de lectores enviaron unos 700.000 correos electrónicos e incontables SMS para movilizar el voto, y de ese modo lograron cambiar el resultado electoral. El presidente electo, Roh, prescindió de los medios tradicionales y concedió su primera entrevista a OhMyNews.

Posteriormente, Howard Dean, un candidato bastante desconocido, se convirtió en el favorito presidencial del Partido Demócrata estadounidense, recaudó sumas ingentes de dinero a través de la red, lanzó miles de blogs o bitácoras ciudadanas que utilizaban software creado por un estudiante universitario de 19 años, e instó a sus adeptos a que organizasen 150.000 reuniones vecinales a través de un sitio web, MeetUp.com. La premisa de Las masas inteligentes comenzó a proyectarse al ámbito político internacional.
Todos estos acontecimientos sucedieron en diversas partes del mundo antes del atentado perpetrado en Madrid el 11 de marzo de 2004.

Inmediatamente después del 11-M, los ciudadanos que no aceptaban las declaraciones iniciales del partido dirigente, que atribuía a ETA la autoría del atentado, recurrieron a la comunicación masiva a través de Internet para emprender movilizaciones espontáneas ante el mundo. Las manifestaciones no fueron consecuencia de los mensajes de correo electrónico y SMS, del mismo modo que los resultados electorales coreanos y la elección del candidato demócrata estadounidense no tuvieron su causa primaria en OhMyNews y el software de bitácora. Quienes tenían motivos para actuar encontraron un nuevo medio para recabar información, publicar mensajes, organizar y crear.

Nos hallamos ante un nuevo medio de organización social, cultural y política en ciernes. Las redes telefónicas inalámbricas y los sistemas informáticos accesibles para cualquier usuario constituyen, junto con las personas, un potencial inmenso (para bien y para mal), comparable al de la imprenta o el alfabeto. Con toda probabilidad no serán pacíficas o democráticas todas las movilizaciones políticas futuras organizadas por Internet y teléfono móvil. El motivo de esperanza más pragmático es que el nuevo régimen tecnosocial —los medios, el modo en que se utilizan, las instituciones que surgen y las que caen derrocadas— es todavía joven.
¿Recuerdan el nacimiento del ordenador personal, en 1978, y cómo se desarrolló en las décadas siguientes? ¿Recuerdan el estado embrionario de Internet en 1990, cuando los modems y la comunicación a través de texto plano hacían las delicias de millares de nuevos entusiastas? Compárenlo con el estado de la red inalámbrica actual, que cuenta con sistemas mucho más capaces, que se comunican a velocidades infinitamente más rápidas que en los años ochenta y noventa. La red móvil de Internet, al igual que los cambios de poder que propicia, es todavía joven. Las instituciones que acabarán controlándola y beneficiándose de ella se encuentran en fase de formación. Mi parte optimista, que cree que la libertad, la democracia, la educación y la comunicación han conseguido grandes logros en los 500 o 5000 últimos años, a pesar de los demás avances, mucho menos positivos, de nuestra especie, cree también que si comprendemos la fuerza de las herramientas con que contamos, tal vez consigamos determinar el modo en que se emplearán en el futuro.
2 de julio de 2004 Mill Valley, California
José Luis de Vicente

Puntogov se vuelve Ciberpunk

Este es un excelente documento que sintoniza con muchas convesaciones, con muchas personas, en muchos rincones de la red. Para disfrutar, reflexionar y actuar.

Documento “Larnaka”, ponencia identidad para la Asamblea Ciberpunk 2005
De la caída del Muro al 11M: 15 años de ciberpunk español

1989, en los días de la caída del Muro, Berlín es el centro del mundo. Un gran sumidero por que el que desaparecerán bajo los cascotes 40 años de Guerra Fría, símbolos y miseria. A poca distancia del Muro, en las zonas alternativas de aquel cogollito bullente, teníamos nuestra primera conexión a Internet. Disfrutábamos por primera vez la sensación de las redes, esa nueva libertad que convertía en real aquellos juegos de rol de los que éramos practicantes habituales. Redes de personas, (los ordenadores en Internet son herramientas no sujetos), que no respetaban aquellas rígidas fronteras físicas, ideológicas y sociales que a pocos metros de nosotros caían a pedazos. Ninguna ideología tradicional había predicho aquello, nada lo explicaba. Había que vaciar la biblioteca y comenzar de cero. Buscar nuevos referentes que valieran en cualquier parte del mundo, que reconocieran sus propias limitaciones para entenderlo. Lo único entonces, que se acercaba siquiera a retratar el nuevo mundo que se estaba formando era una nueva literatura que venía del otro lado del Atlántico: el ciberpunk. Ciencia ficción que retrataba aquel mundo a medio cocer que se formaba ante nuestros ojos y en el que el futuro, los futuros en los que nos habían educado la mirada, desde el socialismo a la guerra nuclear quedaban atrás como trastos viejos.

Cultura de masas vs cultura documental

Si la alta cultura, la buena, aquella en la que nos habían educado y habíamos estudiado con devoción de estudiante de madrasa, no se había enterado de por dónde iba el aire, lo primero que teníamos que hacer era entender por qué. La música, el teatro, la novela que entonces veíamos como gran cultura no tenían una influencia real en el consumo o la cotidianidad del mundo desde principios de siglo. Era un territorio de críticos y élites que compraban con la obra la pertenencia a un grupo de prestigio. En artes plásticas, seguramente las más avanzadas en este proceso de separación de la realidad, los críticos y los mercados valoraban las obras no como objetos de consumo que reportaran más o menos placer, sino por su futura influencia sobre las futuras vanguardias, es decir, como documentos de una evolución artística que no tenía nada que ver con la evolución real del mundo. El mercado plástico se había convertido en un mercado de futuros sobre antigüedades y al hacerlo había convertido en antigüedades prematuras a todas sus creaciones. Todo el pensamiento ligado a esas formas artísticas, toda la gran cultura europea no podía servir para entender algo diferente a su propio aislamiento. ¿Dónde mirar?

La alternativa era obvia: la cultura de masas. Pero la cultura de masas era el terreno de un nuevo monstruo: los oligopolios mediáticos. El cine, la televisión, la publicidad, la música popular... estaban filtrados por sus propios difusores y difícilmente podrían haber llegado a predecir nada, no
digamos a ofrecer algo nuevo. Sólo el cómic y la novela pulp podían generarse y alcanzar una difusión real desde las redes. La naciente Internet les daba además posibilidades increibles: ¡¡Eliminaba los costes de impresión y distribución!! los últimos lazos de dependencia con el mundo industrial. No era casualidad que sólo entre los autores ciberpunk encontrásemos un reflejo de nuestro mundo. Con aquella motivación además no podíamos concebir la literatura ciberpunk más que como un símbolo, una maqueta de un planteamiento ideológico, en palabras de Iñigo Medina, como una suerte de desarrollo orgánico efectivo de ideas politicas. Entendíamos nuestros relatos, como los de Gibson, Sterling o poco después Stephenson y Cadigan, como modelos analógicos, escenarios sociales en los que la plausibilidad del relato servía para mostrar la plausibilidad de la evolución social real hacia tal o cual cosa. Los ciberpunks escribimos muchos relatos aparentemente intrascendentes y ensayos ligeros, sobre todo si los contrastamos con los plumbeos y esotéricos análisis de la progresía intelectual europea. Basta contrastar nuestra enredadera1 con el rizoma de Deleuze y Guattari, o la relación entre el público y nuestras novelas con las de WuMing (un Negri colectivo y pedagógico propio de los días de la Revolución Cultural) para darse cuenta de que nuestra reivindicación de la cultura de masas no tiene nada de la lógica agitprop del bolchevique, el antiglobi o el cristiano comprometido, todos con su solidaridad de intelectual que se acerca al pueblo, sino que es nuestro terreno natural de comprensión y actuación en el mundo... como el de la mayoría de la gente. Pero la inmersión en la ciencia ficción tiene consecuencias.

A mediados de los 90 la revolución Internet empieza a llegar a España. Aparece entonces Ciberpunk.com, como un ezine de ciencia ficción y pensamiento. La omnipresencia del cambio tecnológico en la actualidad relatada por los media, unida a las primeras experiencias profesionales y laborales en la red de miembros del grupo, van transformando y acelerando nuestras vidad cotidianas y con ellas nuestra visión del mundo. Como escribe Gibson, teníamos la sensación de vivir en un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un investigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botón de avance rápido. Nuestro carácter de adelantados, que nos va dando cancha social como tecnólogos en un país sin cultura ni tradiciones tecnológicas, nos va llevando a una situación en la que poco a poco el mito del futuro sustituye a la invención del pasado como base para la creación de identidades colectivas. El futuro influye más en el presente que el pasado. El futuro deseado, no el real. Podemos decir que el movimiento ciberpunk, tanto en literatura como en sus aspectos prácticos y políticos ha basado su estrategia en el poder derivado de la aceptación social de su relato del futuro. Convertimos la formas pulp del discurso tecnológico en un instrumento consciente para la elaboración de mitos colectivos.

La tecnología como campo de batalla


De un modo imperceptible, la fusión de vida, trabajo y red, nos llevaba a la fusión de literatura y puntos de vista políticos. Nos tornamos inclasificables desde el punto de vista del eje derechaizquierda, así como en relación con los referentes intelectuales en los que éste se apoya, y sentimos a nuestra vez ajeno y extraño ese eje, un mito inutil más, una cáscara de las muchas que han sobrevivido, vacías, al 89. La clave está en que al construir desde mitos de futuro, la tecnología se nos presenta tan importante para las libertades en el siglo XXI como lo fuera la economía en el veinte o la formación de los estados nacionales en el diecinueve. Algo que a fin de cuentas ya estaba implícito en una de las primeras máximas del grupo (bajo toda arquitectura informacional se oculta una estructura de poder), con la que reflejábamos una idea luminosa que habíamos encontrado en el Ciberpunk americano, que la tecnología no era neutral, que el poder tecnológico en manos de grandes empresas y estados, es decir, de aquellos que monopolizaban el poder económico, mediático y político, podía ser sumamente peligrosa para las libertades individuales. La lógica inicial del grupo, y del ciberpunk en general de la primera mitad de los noventa puede verse bien en la siguiente declaración que inauguraba ciberpunk.com todavía en 1996:

Muchas veces vemos asociados ciberpunk, hacking y criptografía, ésto es porque en realidad hacking y criptografía son dos caras de un mismo movimiento frente a las posibilidades totalitarias de las tecnologías de la información: Si el hacking busca liberar la información (¡¡La información quiere ser libre!!) como forma de minar el poder de su concentración por parte de los grandes grupos de poder, el cifrado y la criptografía protegen al indivíduo de estos mismos poderes en su intento de violar la intimidad para aumentar su poder de control social.

Esta visión, de resistencia, habría de cambiar cuando el movimiento ciberpunk descubra la épica latente bajo el software libre como nueva forma de liberar la información, un nuevo marco en el que la información quiere ser libre pasa a tener un significado completamente nuevo, del asalto a la creación, de la defensa criptográfica al marketing de red, del enroque resistente a la ofensiva social:

La épica soñada de los vaqueros de consola en Neuromante es un callejón sin salida. Sólo cuando el movimiento hacker comience a desarrollar su primera gran propiedad colectiva, GNU Linux, la nueva lógica eclosionará en una nueva forma de propiedad: la licencia GPL, la forma jurídica del software libre. Del asalto a la creación, de la resistencia a la afirmación, la potencia de la info liberada en redes abiertas, seducirá a un mundo previamente conquistado y defendido por los nuevos gigantes del software y los multimedia.

El descubrimiento de la potencia social y económica del software libre nos llevará a una reflexión más profunda: El mundo tiende a organizarse cada vez más al modo de una comunidad de software libre y existe una razón económica profunda para ello: al tener cada día más valor en la producción global los componentes científicos y creativos, la organización de esa producción tiende hacia las formas propias del trabajo académico y artístico, la Academia y la República de las letras.

A lo largo de los capítulos de Como una Enredadera y no como un árbol esbozamos como esos cambios han ido apuntando en los últimos treinta años, produciendo choques con el estado y las grandes corporaciones monopolísticas en cada terreno en el que la tecnología se democratizaba. Desde la criptografía a la música pasando por el hipertexto o la literatura. A esos choques, enfrentamientos políticos, legales y de competencia es a lo que hemos llamado Las Guerras de la Sociedad de la Información. En ellas hemos visto aparecer un nuevo tipo de héroes muy parecidos a los de las novelas ciberpunk (Diffie, Stallman, BernersLee, Kapor, Barlow...), tekis y freakies individualistas y libertarios, y un nuevo tipo de villanos no menos gibsonianos (gobiernos, agencias y grandes corporaciones audiovisuales e informáticas), empeñados en monopolizar las nuevas tecnologías para apuntalar su poder de control sobre el imaginario y la realidad social. Siguiendo un guión que bien podría ser de Gibson o Sterling, la parte central de esas guerras se han dado en un territorio virtual: el ciberespacio, que en su propia estructura representa el ideal de vida cooperativa y libre de la nueva tribu emergente: los netócratas.

Los netócratas representan el modo de vida y las aspiraciones óptimas de una sociedad que se organiza según los principios de una comunidad de software libre o de la academia. Como los burgueses de la Edad Media, viven rodeados en sus ciudades por el viejo mundo y comerciando con él, pero sabiendo que cada intercambio pone una semillita que con el tiempo dinamitará el orden social del entorno: puede que el viejo mundo vea gratis donde ellos ven libre, pero da igual, la gratuidad es sólo un caballo de Troya de la libertad y ellos lo saben y lo usan. Porque la gratuidad es un signo orgulloso de su poder emergente y su diferencia. No hay en el copyleft o en las licencias GNU una renuncia a la propiedad, sino un uso extremadamente radical de ella. Un uso destinado a socavar los principios económicos morales y políticos del capitalismo monopolista desde el más libre de los mercados: Internet.

Hemos visto cómo ese uso radical de la propiedad y las herramientas de mercado tienden a disolver o negar instituciones como el estado nacional o la empresa, teóricamente sólo justificables como violaciones de partida de los modelos de competencia libre y perfecta. Configurando nuevos espacios diversos y reticulares, nuevos escenarios urbanos y profundos cambios en la cotidianeidad. Esta idea de proceso histórico, ajena hasta hace poco al movimiento ciberpunk, nos ha llevado a lo que Iñigo Medina llama un cierto espiritualismo. La valoración de las ideas por si mismas y el reforzamiento del papel de nuestros textos y relatos como origen y reflejo de mitos colectivos. La idea es algo así como: no queremos poder, no queremos ser los que construyan la materialización de esas ideas que están en el aire, queremos influir en las ideas, construir nuestro trocito del nuevo imaginario colectivo... y que cada cual, por si mismo, interprete, malee y moldee sus propios ensayos. Una concepción muy alejada de la lógica piramidal de lo político y sus estructuras de mando, pero a fin de cuentas muy lógico para un grupo que nunca ha dejado de ser un grupo literario.

Libertades y redes

Desde 1999 la influencia de Juan Urrutia es clave en la evolución ideológica del grupo. Juan Urrutia, economista académico y autor, no sólo es el introductor en España de la Economía de la Cultura, sino también de la Teoría de Redes. De sus reflexiones sobre reticularidad, libertad y fraternidad surge una crítica al concepto tradicional, romántico, de libertad. El concepto romántico de libertad está ligado a una forma de vida social en la que sólo el único campo de socialización real es estríctamente físico: la comunidad articulada en un espacio geográfico concreto. Constreñida la expresión por la posibilidad física del castigo, la libertad se antoja algo esencial, profundo. El coste de salida de la comunidad es inmenso y lógicamente el antagonismo entre el individuo y estado/sociedad es algo que atañe a los límites de esa naturaleza esencial. El individuo en este marco es a fin de cuentas una verdadera identidad (por eso se piensa esencial) porque a cada cuerpo sólo corresponde un entorno, una personalidad y una comunidad en la que desarrollarse. Las redes virtuales en cambio, multiplicando los espacios de relación casi a voluntad, sin costes de huida, permiten vivir una dulce esquizofrenía (que luego llamamos polidentidad) en la
que cada uno es muchos porque puede desarrollarse de formas diferentes en otras tantas comunidades simultáneamente. Huir, ser expulsado, no supone un daño a la existencia económica ni física. En ese entorno la libertad es algo no esencial y torturado, sino superficial y gozoso. Libertad es la posibilidad real de cambiar de red y cambiar de ser, de vivir de modo efectivo tantas identidades como facetas tengan nuestros deseos de socialización, comunicación y proposición.

Polidentidad e institucionalización del individuo

Pero la red no multiplica sólo las posibilidades de elección y cohabitación entre identidades colectivas, la polidentidad llega mucho más allá: lleva al máximo un cierto tipo de libertad ligado al desarrollo tecnológico. "Libertad" tiene aquí un significado muy específico: individualización e independencia respecto de las instituciones. La red ofrece, efectivamente, numerosos modos de explotar la identidad individual ­donde el uso de nicks no es un obstáculo, sino al contrario un incentivo, y también una nueva manera de contrarrestar el peso de las instituciones: no individualizándolas, sino institucionalizando el individuo. Suena retorcido, pero no lo es. Así como la imprenta supuso una descentralización de los focos generadores de opinión, disolviendo progresivamente las universidades como brazos eclesiásticos para transformarlas lentamente en brazos estatales, internet ofrece la posibilidad de hacer lo propio con los centros de poder actuales.
Podemos publicar y llegar a un público afín (construyendo por tanto una identidad) sin tener un periódico, siendo periódico nosotros mismos en la web. Podemos lanzar un programa y hasta un sistema operativo, contar con decenas de colaboradores en todos los ámbitos e incluso llegar a convertirlo en un estándar sin tener una multinacional del software. Podemos abrir un centro de estudios o de documentación sin ser una biblioteca o disponer de una universidad. Podemos editar libros y discos del mismo modo, poner en marcha movilizaciones sociales, modas o identidades... da igual, lo radicalmente nuevo es que no necesitamos de la mediación de las grandes instituciones que hasta ahora habían dominado nuestras vidas. Ser en la red supone poder actuar como muchas instituciones y no sólo como muchas identidades. En el límite somos muchos en uno: identidades e instituciones.

Pluriarquía y netocracia


La institucionalización del individuo redefine por tanto el “ser” en la red: necesitamos de los demás en otra forma radicalmente diferente. De hecho podríamos definir la red precisamente a partir de esta forma de relación en la que como dicen Alexander Bard y Jan Söderqvist , todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores. En este sentido toda red es una red de iguales. En un sistema así la toma de decisiones no es binaria. No es "si" o "no". Es "en mayor o menor medida". Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Este sistema se llama plurarquía y según los mismos autores hace imposible manterner la noción fundamental de democracia, donde la mayoría decide sobre la minoría cuando se producen diferencias de opinión. Aunque la mayoría no sólo no simpatizara sino que se manifestara en contra, no podría evitar su realización. Con un sistema así es comprensible por qué en las redes no existe "dirección" en el sentido tradicional, pero también por qué inevitablemente surgen en su interior grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos especializados en proponer acciones de conjunto y facilitarlas. No suelen estar orientados hacia fuera sino hacia el interior, aunque inevitablemente acaben siendo tomados, desde fuera, por la representación del conjunto de la red o cuando menos como la materialización de la identidad que les define. Estos grupos son los netócratas de cada red, sus líderes en el sentido estricto, pues no pueden tomar decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación con los valores que aglutinan la red, a la hora de proponer acciones comunes. Es esta forma de organización lo que hace inaprensible el conflicto de red. Al carecer de una estructura estrictamente jerárquica que supervise y comunique, las viejas organizaciones sienten que sus antagonistas son cada vez más inaprensibles. La clave de las redes está en su identidad, en la existencia de un espíritu común que los netócratas modulan a través de mensajes públicos.

El swarming

Nunca la tecnología había sido tan instrumental, tan poco protagonista por si misma como en este nuevo tipo de guerra. Como escribían, ya en los 90, Arquilla y Ronsfeld: La revolución informacional está cambiando la forma en que la gente lucha a lo largo de todo el espectro del conflicto. Lo está haciendo fundamentalmente mediante la mejora de la potencia y capacidad de acción de pequeñas unidades, y favoreciendo la emergencia de formas reticulares de organización, doctrina y estrategia que hacen la vida cada vez más difícil a las grandes y jerárquicas formas tradicionales de organización. La tecnología importa sí, pero supeditada a la forma organizativa que se adopta o desarrolla (...) Hoy la forma emergente de organización es la red.

En este mundo reticular, con una multiplicidad de agentes que actúan autónomamente, coordinándose espontáneamente en la red, el conflicto es "multicanal", se da simultáneamente en muchos frentes, emergiendo del aparente caos un "orden espontáneo" (el "swarming") que resulta letal para los viejos elefantes organizativos. Esta coordinación no requiere en la mayoría de los casos ni siquiera una dirección consciente o una dirección centralizada. Al contrario, como señalaba el propio profesor Arquilla: la identidad de red, la doctrina común es tan importante como la tecnología. La guerra en la sociedad red, la netwar, es una guerra de corso, en la que pequeñas unidades "ya saben lo que tienen que hacer" y saben que tienen que comunicarse entre si no para preparar la acción sino sólo a consecuencia de ella y sobre todo, a través de ella. La definición de los sujetos en conflicto, lo implícito, es más importante en este tipo de enfrentamiento que lo explícito (los planes o estrategias de combate). El swarming es la forma del conflicto en la sociedad red, la forma en que el poder es controlado en el nuevo mundo y al tiempo la forma en que el nuevo mundo logra su traducción de lo virtual a lo material.

Objetivos de Ciberpunk

De todo este modelo social surge el libertarismo ciberpunk: se trata de llevar la libertad ensayada y vivida en las redes virtuales al mundo físico: abrir y desarrollar entornos pluriárquicos y actuar en ellos como una netocracia movilizadora y efectiva. La realidad social española en la que Ciberpunk ha crecido durante los últimos años, como la de la mayoría de los países mediterráneos y de América Latina es la de un país organizado en cuadrillas. Las cuadrillas son pequeños grupos constituidos no desde la afinidad ideológica, sino sobre la coincidencia biográficogeográfica y la fidelidad personal. Un tipo de grupo heterogéneo y conservador, absorbente, que al ser el único existente configura un país donde las ideas sólo pueden difundirse y alcanzar dimensión social desde los aparatos de comunicación de masas y el control institucional del territorio. En la hora de la sociedad red aún no existen redes sociales que sobrepasen el equivalente de un burgo medieval virtualizado. El mundo virtual no es una alternativa más que en simiente, una Hansa digital. No existen comunidades reales ni underground. No hay sociedad civil reticular. No hay camino para abrir un debate social o influir en alguno existente que no pase por los oligopolios mediáticos o por grandes crisis políticas. Hasta hoy sólo los momentos de quiebra social y política, en los que la vieja estructura de relaciones se ve definitivamente desbordada por las necesidades del nuevo mundo, han propiciado el salto de la cuadrilla a la red, el swarming ha estado hasta ahora, ligado al cambio político: la caída de Estrada en 2001 en Filipinas, la de de la Rúa en Argentina en 2002 y la de Aznar en España el 13 de marzo del 2003 han sido sus momentos álgidos. Prestar herramientas, mitos y discursos al nacimiento de redes sociales de todo tipo es la precondición para poder hablar seriamente de las nuevas libertades. Porque si hubiera que hacer una apuesta aquí y ahora, sería cambiar el mundo cerrado de cuadrillas en el que viven nuestros países por un mundo de países red definitivamente abiertos. Por eso, el centro de interés político para los ciberpunks no está en los territorios, sino en las ciudades: hoy necesitamos una Venecia, una potencia red que sirva de ejemplo del mundo que se abre. Lo que es muy coherente con la experiencia de las redes virtuales. Experiencia que se traduce también en una renuncia a los mitos de la tierra y la naturaleza como esenciales, como configuradores de lo Humano. Rechazamos el gusto romántico por lo nacional y lo sustituimos por una defensa de lo urbano incompatible con el cuento de la autenticidad rural. Lo que a su vez hace ver con placer el pragmatismo ciudadano de las redes de ciudades frente a la administración realizada en nombre de la voluntad mística de los territorios y sus esencias históricas. El ciberpunk tal y como se ha desarrollado a partir del grupo español es el resultado del tiempo histórico nacido en el 89. Un producto del nacimiento de la sociedad red. El choque de las tecnologías de la información visto desde la matriz de una serie de biografías más o menos sincronizadas que absorbían el mundo desde la cultura de masas y escribían novelitas pulp. No hacemos grandes distingos entre planteamientos estéticos, políticos y tecnológicos. Todo va junto porque todo se vive en pack. Nosotros que crecimos entre los mitos de los burócratas nos descubrimos, tras quince años, bardos y protagonistas de los nuevos mitos de la netocracia.

La revuelta de los móviles

13-M. La noche de los móviles.
Eva Sastre Forest
http://www.rebelion.org

El 13-M, víspera del día de votación para las elecciones generales en el Estado español, se vivió un auténtico fenómeno de comunicación horizontal entre las personas y se revivió con gran intensidad aquel impulso de resistencia que ya había estallado un año atrás en los tiempos de la pre-guerra contra Iraq. La gente volvió a tomar las calles. Esas calles -que en las 'jornadas de reflexión' suelen estar desiertas o sirven para pasar una tranquila, apacible y casi familiar 'jornada previa a la gran fiesta democrática que son las elecciones'-, se convirtieron de pronto - sí, de pronto- en un espontáneo clamor de indignación contra la mentira. Porque fue de pronto que la reflexión callada, intensa y profunda de cada cual se transformó en un fenómeno activo que fluyó libremente y escampó por las calles toda la inmensa rabia contenida y acumulada, muy especialmente a lo largo de los últimos días. Así, el sábado 13 de marzo, a partir de las 7 de la tarde, las calles se llenaron de gente.

Espontáneamente. Sin más, sin previo aviso. ¿Cómo se produjo este fenómeno de masas? Pues mediante Internet, a través de mensajes cortos entre móviles (sms) y boca a boca... Nadie podría decir cuál fue el detonante decisivo (aunque las razones eran muchas) que hizo estallar justo ese día y a esa hora la indignación de la gente. O de quién surgió la iniciativa original, que en pocas horas se transformaría en la iniciativa de muchos, de tantos. El caso es que en apenas dos horas las calles de varias ciudades del Estado español se vieron invadidas esa noche por los gritos, las pancartas, los folios garabateados rápidamente con consignas de repulsa, de rechazo, de alerta, de revuelta. En Barcelona el fenómeno fue estruendoso: las cacerolas golpeadas con entusiasmo, la marea de personas que se añadían a los manifestantes hasta formar una multitud, las sonrisas cómplices y los aplausos de los paseantes que se unían a la marcha, todo indicaba que se estaba viviendo un momento histórico. '¿Y tú cómo te has enterado?' 'Me llegó un mensaje al móvil, no sé de quién'. '¿Y tú?' 'Por Indymedia' o 'Me llamó un amigo' o 'Escuché el ruido desde casa y bajé en seguida'...

La policía llegó puntual a las Ramblas, pero había órdenes de no disolver, eso se vio cuando la masa, valiente, se puso delante de los autos policiales impidiéndoles pasar con sus cuerpos, pegados a los morros de los coches. Sartenes, cacerolas, tapaderas, cucharas, papeles escritos con urgencia y a mano ('No más mentiras', 'Gobierno asesino', 'Basta de manipulación') y voces a gritos no sólo contra los responsables gubernamentales sino también de solidaridad con, por ejemplo, el panadero vasco asesinado ese mismo día por un policía en Pamplona... La gente se enfrentó a las mentiras, a las armas y al abuso del poder con la voz, la cacerola... y el teléfono móvil. Sí, el móvil tomó un inesperado protagonismo, posibilitando no sólo una veloz convocatoria sino el que los grupos supieran lo que pasaba en otras ciudades, que la información circulara y la gente se organizara en pocos segundos...Y es que cada poco sonaba un pitido de alguien que recibía un mensaje: 'pii-pii... ahora al Gobierno Civil', y luego otro más: 'pii-pii...vamos a la sede del PP'... y la masa se dividía en grupos: dos mil para el GC, tres mil para el PP -donde había otros tantos, no se sabe de dónde habían salido, ya esperando. Y mientras el correveidile y el correveyconvoca a través de los mensajes circulaba sin cesar como un impulso eléctrico, las cacerolas actuaban como tambores de llamada y las bocinas de los autos animaban todo el recorrido. Y así, la multitud -que ya eran siete mil- se iba concentrando y creciendo incluso a altas horas de la noche (la noche de un sábado que no era de discoteca sino de reflexión combativa), agolpándose frente a la sede del partido del gobierno: '¡Las guerras son vuestras, los muertos son nuestros!'. CityTV, un canal local de Barcelona situado en la zona, salió a emitir desde la calle, y la cantante Marina Rossell y el actor Enric Majó leyeron rodeados de gente un manifiesto espontáneo. Todo el mundo aplaudía y las calles seguían llenas, cada vez más. Era más de medianoche. Nadie podía creerse lo que estaba pasando, y se sentía una alegría popular que estimulaba pensamientos esperanzadores y permitía que pasaran las horas y que las calles siguieran llenas de gente, de bocinas y cacerolazos, de gritos y de valentía, hasta bien entrada la madrugada. El Gobierno había salido en la cadena pública TV1 para decir 'que la gente volviera a casa, que eran actos de manifestación ilegales en una jornada de reflexión'. Pero nadie quería escuchar más bobadas. Ya no. Ya no más. Ahora la calle y la opinión -tantas veces manipulada en los últimos días, en los últimos años- eran nuestras. Se estaba reclamando una verdad que, aunque ya era notoria y pública, seguía sin ser aceptada por el gobierno. ¿Hasta dónde podía llegar el cinismo del poder? ¿Y la manipulación? Esos miles de personas que salieron a las calles en esa noche pre-electoral estuvieron a punto de provocar la cancelación por parte del Gobierno de las elecciones generales del día 14; algunos hablaban incluso de golpe de Estado...

Y aunque todo eso ya es mucho, e importante, el auténtico fenómeno de la noche fue el cómo se produjo la movilización popular. La forma en que se movilizó tanta gente. Cómo se enteraron. Cómo se difundió el mensaje. Y la respuesta es contundente: la suma de Internet y teléfonos móviles. Lo cual demuestra que las nuevas tecnologías están encontrando formas revolucionarias de aglutinar los pensamientos disconformes, aunando el sentir de mucha gente dispersa que de otro modo no sabría, no podría, no tendría acceso a lo que ocurre. Los móviles se han revelado como una nueva forma de movilización, sobre todo de la gente joven, que no sólo reciben el mensaje, sino que a su vez lo redifunden y amplían su impacto exponencialmente a través de toda su agenda. Todo este fenómeno nos lleva a pensar sobre el papel que cumple cada tecnología específica en las luchas de resistencia. Por un lado, los móviles convocan y deciden en pocos segundos, por otro Internet es capaz de convocar en unas pocas horas. Igualmente, dentro de Internet existen varios tipos de páginas: unas relatan casi al minuto los sucesos -y se actualizan a tiempo real-, otras son de información diaria -se actualizan varias veces al día-, y otras se dedican a una reflexión más teórica, con un ritmo más lento. Y todas valen. Todas cumplen una función. Todas aglutinan a los pensamientos disconformes. Y no hay ni una sola de estas iniciativas que sea menor. Cada cual cubre un vacío y llena una expectativa.

Una de las enseñanzas extraídas de fenómenos como el vivido en la tarde-noche-madrugada de los días 13-14 de marzo ha sido que las tecnologías van a jugar cada vez un papel más importante en la teoría y en la práctica de la resistencia. Y la segunda gran enseñanza es que es la propia gente, con sus modos y diversidad pero con un impulso de resistencia común, la que se ha convertido en el auténtico motor del movimiento popular. Un movimiento en el que cualquier persona honesta tiene un lugar propio y a la vez compartido. Un lugar que desde luego, se halla muy lejos del habitado por los pseudo-intelectuales, por los periodistas sumisos o por los partidos de la izquierda tradicional, con sus caducos discursos, sus viejas formas y sus oxidados modos y lenguajes.
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Inversionistas y redes sociales en internet ?

Me ha llamado la atención un artículo aparecido en el Washington Post donde se
señala que inversionistas se interesan crecientemente en proyectos basados
en redes sociales en internet. El Mérito de esta información es que ya no
estamos en la era de la burbuja puntocom. Es decir, si están invirtiendo,
es porque este tipo de proyectos han logardo una mayor madurez respecto de
aquellos ilusorios proyectos en los febriles años 1999 y 2000.

En cualquier caso para los cientistas sociales es importante seguir los
pasos de los empresarios, siguiendo el célebre diálogo donde el Quijote le
dice a Sancho: "...por ahí ah se ser el camino Sancho, que ladran los
perros..."

Investors Support Social Networking Sites

La teoría de los “seis grados” fue llevada con éxito a Internet en un experimento realizado por e-mail.

Según un estudio realizado por la Universidad de Columbia, publicado en la revista "Science", es posible contactarse con cualquier persona del planeta con sólo reenviar un mail al menos 6 veces.

El estudio conducido por los investigadores Peter Sheridan Dodds, Roby Muhamad y Duncan J. Watts, denominado "An Experimental Study of Search in Global Social Networks" lleva a Internet la teoría de 1967 de Stanley Milgram, que demostraba que mediante 5,2 pasos una persona podía contactarse con otra que no conocía, mediante “intermediarios” o nodos.

Trasladado a Internet el estudio convocó a 61.168 voluntarios repartidos en 166 países, para recrear el experimento de Milgrim. Aquí las reglas convenían en hacer llegar un e-mail a uno de los 18 objetivos asignados a cada participante. Las personas conocían los datos esenciales de los blancos como nombre, profesión, nivel cultural y lugar de residencia.

De las 24.163 cadenas de mensajes enviadas, sólo 384 llegaron a alcanzar sus destinos. El resto de las cadenas que no alcanzaron sus objetivos se debió a la “falta de interés”, según afirmó Watts, sociólogo de la Universidad de Columbia "Contabilizando el desgaste de las cadenas de mensajes, estimamos que las búsquedas sociales pueden alcanzar su objetivo en una media de cinco a siete pasos, dependiendo de la distancia entre la fuente y el objetivo", concluyó. "Esta estimación es entre cinco a siete, o sea, un promedio de seis" y agregó "Esta es la respuesta y la manera de comprobar que el mundo está realmente conectado a través de la Red"

El estudio también relevó otros datos, por ejemplo, que la mayoría de los voluntarios eligieron a amigos personales por sobre familiares o compañeros de trabajo, aunque las cadenas que resultaron exitosas se vieron basadas en mensajes enviados a través de compañeros de trabajo lo que demuestra según Watts que "los vínculos 'débiles' son desproporcionadamente responsables de la conectividad social"

Una teoría similar bastante famosa para los cibernautas es la que reza que Kevin Bacon es el ombligo de Hollywood: El juego consiste en llegar hasta el actor Kevin Bacon en menos de 6 relaciones empezando por cualquier actor.

En The Oracle of Bacon se puede poner a prueba la teoría de Milgram llevada al campo hollywoodense. Si hacen la prueba, por ejemplo ingresando a la actriz argentina Norma Aleandro resultará que Norma Aleandro trabajo en Vital Signs (1990) con Diane Lane, que a su vez compartió cartel en My Dog Skip (2000) con Kevin Bacon. Pueden hacer muchas combinaciones y hallaran más de una sorpresa.

En Argentina tenemos nuestro ombligo del cine nacional, nada menos que en la persona del actor Ulises Dumont, que según aseguran los propietarios del sitio cinenacional.com, en no más de 2 pasos se puede llegar hasta a Dumont ingresando el nombre de cualquier actor ignoto del cine local. Por ejemplo si cargamos al actor Sergio Hernández llegaremos a Ulises Dumont en 2 pasos: Sergio Hernández actuó en ¿Qué es el otoño? (1977) con Aldo Barbero mientras que Aldo Barbero actuó en La fiesta de todos (1978) con Ulises Dumont.

Bromas al margen, el campo explorado por Milgrim y Watts podrá ayudar en el futuro para entender mejor la constitución de las redes sociales y su influencia en la propagación de enfermedades como el SIDA, o el tratamiento de patologías mentales asociadas a individuos que comparten el mismo extracto social.
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