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Rodrigo Araya Dujisin

Rheingold y las masas inteligentes

Una definición ampliamente aceptada de comunidad virtual es la que realizó Howard Rheingold, quien además de acuñar el término, desarrolló un extenso trabajo etnográfico en comunidades virtuales. Rheingold las define como "...agregados culturales que emergen cuando suficientes personas chocan contra las otras, se encuentran con otras, en el ciberespacio, con suficiente frecuencia. Una comunidad virtual es un grupo de gente que se puede o no encontrar unos a otros, cara a cara, y que intercambian palabras e ideas a través de la mediación de tableros de mensajes ( Bulletin Boards) y redes computacionales" (Rheingold, 1994).

Resulta muy interesante que la definición considera los agregados culturales que surgen de la interacción. En este tema hay un amplio campo por investigar Me refiero a los protocolos de comunicación, acuerdos tácitos, rituales y reglas que guían la interacción social en plataformas tecnológicas. Desde que Reinghold describiera la Well (Well es La sigla de Whole Earth ´Lectronic Link, un sistema de conferencias electrónicas), como una de las primeras comunidades Virtuales, los agregados sociales en Internet se han expandido, llegando hoy en día a consolidar una extensa cultura de sociabilidad en Internet. Han sido desarrollados complejos y sofisticados softwares para la comunicación y hospedaje de comunidades y grupos de los más diversos intereses. La well es de alguna manera la abuela de los blogs.

En los últimos años se ha pasado viajando por el mundo observando y escribiendo sobre las tendencias emergentes en tecnología, comunicación y cultura. Algunos de sus libros son el ya clásico The Virtual Community, Virtual Reality. Su último libro Smart Mobs, the next social revolution" ya tiene versión en español.

Ïndice del contenidos

Agradecimientos
Prólogo a la edición castellana: Sobre las multitudes inteligentes de España tras el 11-M

Introducción: Cómo reconocer el futuro cuando llega

1. La epifanía de Shibuya
2. Tecnologías de la cooperación
3. Naciones computacionales y enjambres de superordenadores
4. La era de las cosas sensible
5. La evolución de la reputación
6. Retazos inalámbricos
7. Las multitudes inteligentes: el poder de las multitudes móviles
8. ¿Panóptico permanente o amplificador de la cooperación?"

Introducción: cómo reconocer el futuro cuando llega

Comencé a observar los primeros indicios del siguiente cambio una tarde de primavera del año 2000, cuando me percaté de que los viandantes de Tokio miraban la pantalla del teléfono móvil en lugar de utilizarlo para hablar. La observación de esta conducta, hoy tan común en gran parte del mundo, me provocó la misma sensación que había tenido ya otras veces, la percepción puntual de que una tecnología va a cambiar mi vida de un modo imprevisible. A partir de entonces, la práctica de enviar y recibir mensajes cortos de texto a través del teléfono móvil ha propiciado el surgimiento de diversas subculturas en Europa y Asia; ha caído al menos un gobierno, en parte gracias a este nuevo medio de comunicación, y se ha producido una transformación inesperada en los rituales de cortejo adolescentes, el activismo político y los estilos de
gestión empresarial.
He comprendido que los mensajes de texto a través del móvil sólo son un anticipo de otros cambios más profundos que se producirán en los próximos diez años. Aquel instante mediático en el Cruce de Shibuya fue mi primer encuentro con un fenómeno que he denominado «multitudes inteligentes». Cuando aprendí a reconocer sus síntomas, comencé a verlos por doquier, desde en los códigos de barras hasta en los peajes electrónicos.
Todas las demás piezas del puzle están en nuestro entorno, pero todavía dispersas. Forman parte de él los chips de radio diseñados para sustituir los códigos de barras en los productos industriales, al igual que los puntos de acceso a Internet en cibercafés, hoteles y comunidades vecinales, o los millones de personas que dedican el ordenador a la búsqueda de inteligencia extra-terrestre, o el modo en que fijan sus precios los compradores y vendedores en las subastas de eBay. En el mismo contexto se enmarca al menos una importante cuestión empresarial de ámbito global: porqué la compañía japonesa DoCoMo obtiene pingües beneficios con los servicios de Internet inalámbricos, Mientras que los operadores de telefonía móviles estadounidenses y europeos luchan por evitar la quiebra?
Cuando se suman todos estos componentes económicos y sociales, el resultado es una infraestructura que posibilita ciertos tipos de acción humana hasta ahora inconcebibles. Las «aplicaciones rompedoras» (killcrapps) de la industria futura de telecomunicaciones móviles no serán ni dispositivos de hardware ni programas de software, sino prácticas sociales.
Los cambios más impactantes provendrán, como suele suceder, de los tipos de relaciones, empresas, comunidades y mercados que surjan con la nueva infraestructura.
Las multitudes inteligentes están formadas por personas capaces de actuar conjuntamente aunque no se conozcan. Los miembros de estos grupos cooperan de modos inconcebibles en otras épocas porque emplean sistemas informáticos y de telecomunicaciones muy novedosos que les permiten conectarse con otros sistemas del entorno, asi como con los teléfonos de otras personas. Los microprocesadores, hoy baratísimos, integrados en casi todos los objetos, desde las tapas de las cajas pasta los zapatos, penetran poco a poco en los muebles, edificios, barrios y diversos productos, convirtiéndose así en auténticos artilugios inteligentes de intercomunicación.
Los medios de comunicación portátiles, cuando conectan a Internet los objetos tangibles y los lugares cotidianos, se transforman en mandos a distancia móviles que nos permiten controlar el mundo físico.
Dentro de una década, los principales núcleos de población del planeta estarán saturados de billones de microchips, algunos en forma de ordenadores diminutos, muchos de ellos capaces de comunicarse entre sí. Algunos de estos sistemas serán una combinación de teléfono y superordenador, con una capacidad de procesamiento sólo asequible para el Departamento de Defensa un par de décadas antes. Algunos sistemas leerán códigos de barras y recibirán mensajes en etiquetas de identificación por radiofrecuencia. Algunos proveerán de conexiones a Internet inalámbricas ininterrumpidas y contendrán sistemas de localización global.
En consecuencia, gran parte de la población de los países industrializados dispondrá de un sistema que le permitirá enlazar de modo casi permanente, objetos, lugares y personas con el contenido y los procesos en red. Será posible apuntar un dispositivo hacia un letrero urbano, anunciar el lugar adonde uno quiere ir, y guiarse por el mapa armado que aparecerá en la pantalla de la mano; o apuntar hacia un libro en una librería para saber qué se ha escrito sobre él en el Times o en el club de lectura del barrio. Asimismo, podremos pulsar en un restaurante y avisar a los gringos de que ha empeorado el servicio.
Estos sistemas contribuirán a coordinar acciones con otros ciudadanos del mundo, pero también con las personas del entorno más próximo, tal cual es, si cabe,más importante.
Los grupos humanos que empleen estos instrumentos adquirirán nuevas formas de poder social, y nuevos medios para organizar sus interacciones a intercambios en el momento justo y en el lugar adecuado. Las fortunas de mañana estarán en manos de quien sepa lucrarse con estos cambios, y las de ayer se perderán si los empresarios no se adaptan. Como ha sucedido con los ordenadores personales e Internet, los principales adelantos no surgirán en el seno de los líderes industriales establecidos, sino en la periferia, en pequeños grupos de jóvenes emprendedores o asociaciones de aficionados.
Aunque tarden todavía una década en consolidarse, las comunicaciones móviles y las principales tecnologías computacionales, junto con ciertas modalidades de contrato social no eran posibles en otras épocas, ya están empezando a cambiar el modo de reunirse, emparejarse, trabajar, hacer la guerra, comprar, vender, gobernar y crear.
Parte de estos cambios reportan beneficios y poder, pero otros amplían las capacidades de quienes abrigan intenciones malévolas. Gracias a la utilización de los nuevos medíos en numerosos grupos pequeños con el fin de obtener beneficios individuales, se generarán también nuevos efectos que fomentarán ciertos modos de vida a organización institucional y disolverán otros. Es probable que se produzcan efectos contradictorios y simultáneos: adquisición de nuevos poderes y pérdida simultánea de las antiguas libertades. Surgirán nuevos bienes públicos y desaparecerán otros más antiguos.
Cuando empecé a observar el uso del teléfono móvil en Tokio, descubrí que el Cruce de Shibuya era la zona con mayor densidad de teléfonos móviles del planeta: el 8l % de las 1 .500 personas que cruzan la bulliciosa explanada con cada cambio de semáforo lleva un teléfono móvil. Interpreté aquella coincidencia como prueba de que seguía la pista adecuada, si bien sólo un vago presentimiento sobre cómo definir lo que pretendía encontrar .Todavía no había comprendido que ya no buscaba meros indicios de cambio en los hábitos tecno-sociales, sino que había iniciado la búsqueda vertiginosa de una nueva forma de futuro en el ámbito global.
Averigüé que aquellos adolescentes y otros viaandantes japoneses que miraban la pantalla del móvil y pulsaban las teclas con el pulgar se enviaban palabras y gráficos sencillos, mensajes breves similares al correo electrónico, que se recibían al instante pero podían leerse en cualquier momento. (cuando indagué los fundamentos técnicos de los mensajes de texto, comprendí que aquellos usuarios pioneros iban por la calle con una conexión permanente a Internet en la mano. El hormigueo de mi cerebro dió paso a un zunibido. Con una conexión constante a Internet el usuario tiene acceso a mucho más que un simple canal de comunicación.
Quienes comprenden las posibilidades inherentes a la Internet móvil se plantean el siguiente problema: se ha previsto y promocionado recientemente la fuerza potencial de la conexión de los dispositivos móviles a Internet, pero….
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1 comentario

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