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Rodrigo Araya Dujisin

Ciudadanos de banda ancha

De acuerdo a estimaciones de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), los usuarios de Banda Ancha en el país superan 1.300.000 personas. De este total casi el 60% corresponde a usuarios residenciales, y el resto a empresas e instituciones diversas. De acuerdo a la Subsecretaría de Telecomunicaciones, en marzo de 2003 existían 217 mil conexiones a Internet de Banda Ancha, y la CCS estima que a diciembre dicha cifra aumentó a aproximadamente 310 mil. En los últimos 2 años, las conexiones conmutadas han sido progresivamente reemplazadas por accesos de Banda Ancha, los que llegarían a superar a los módems telefónicos hacia fines de 2005.

Según los datos de Subtel, los usuarios de banda ancha, incluyendo ADSL, Cable Módem y otros, aumentaron un 54% entre septiembre de 2002 y marzo de 2003, lo que comprueba el extraordinario dinamismo del mercado local.

Benchmark internacional

Con estas cifras Chile exhibe un índice de 1,4 conexiones de Banda Ancha por cada 100 habitantes, lo que resulta comparable con los países menos desarrollados en esta materia de la OCDE

La cifra corresponde a menos de un tercio del promedio de la OCDE, y a una distancia difícil de acortar con los líderes mundiales: Corea, Canadá e Islandia. En el caso del país asiático, la conectividad en Banda Ancha por cada 100 habitantes es casi el triple de EE.UU. La menor penetración en el caso de Chile se relaciona, entre otros factores, a los mayores costos de conexión que presenta esta tecnología en comparación con la mayoría de los países desarrollados.

Conclusiones

Como se sabe, la Banda Ancha es fundamental para el desarrollo de usos más sofisticados de la red, tanto por parte de empresas como de personas. En tal sentido, la existencia de un mercado competitivo y crecientemente segmentado en términos comerciales representa una plataforma relevante para la universalización. Existen, por lo tanto, los incentivos de mercado para que los proveedores planteen estrategias de comercialización y de valorización de sus redes, las que en conjunto permitirían profundizar la disponibilidad masiva de Banda Ancha.
Sin embargo, estos incentivos podrían ser suficientes, en la medida en que la estructura del mercado chileno dificulta el acceso de determinados sectores socioeconómicos, productivos o geográficos.

Uno de los puntos más débiles del mercado local de Banda Ancha es la ausencia de una política nacional de acceso de última milla. La gran mayoría de las conexiones se realizan, en su último tramo, a través de pares de cobre que conectan a casas y edificios con una red nacional de alta calidad. Con ello no sólo se produce el riesgo de cuellos de botella, sino además una relación precio/calidad sub-óptima de la conexión. El ejemplo de Corea del Sur ratifica la importancia de las políticas públicas en este dominio. Haciendo a un lado los factores culturales y demográficos específicos, la extraordinaria expansión de la banda ancha en Corea se debe a la competencia por la última milla entre el gran operador telefónico local y la compañía nacional de electricidad. El gobierno coreano aplicó, además, un sistema de certificación de edificios según la calidad de sus líneas para tráfico de datos, de modo que los desarrollos inmobiliarios comenzaron a competir entre sí en base a esta variable. Es perfectamente factible en Chile incorporar a los municipios y actores económicos locales al desarrollo de la Banda Ancha y al mejoramiento de las soluciones de última milla. Una política que se apoye en esquemas concursables como el Fondo Nacional de las Telecomunicaciones o el Fondo Común Municipal, la participación de empresas constructoras y agencias multilaterales, etc., puede contribuir a una mayor calidad de vida de la población y a un fortalecimiento de la capacidad emprendedora.
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